sábado, 14 de julio de 2012

Pensé en la tarde cuando los muchachos se laven, canten, coman, levanten una copa de vino en honor del amor y de la vida, y a la puerta esperando la bicicleta inmóvil porque sólo de movimiento fue su alma y allí caída no es insecto transparente que recorre el verano, sino esqueleto frío que sólo recupera un cuerpo errante con la urgencia y la luz, es decir, con la resurrección de cada día.


Oda a la bicilcleta  (fragmento)
Pablo Neruda, 1956, Tercer libro de las odas

jueves, 26 de enero de 2012